
El cantante de vallenatos, Silvestre Dangond, se escucha hasta en las malas pesadillas de sueños imposibles de conciliar. Hasta ahí está. Quizás nunca imaginó Silvestre que tantos ratos amargos pasados y las tantas veces que le tiraron en la cara la puerta de las diferentes casas disqueras que tocó donde le decían que se dedicara a otra cosa, o siguiera su ingeniería, que dejara de joder, hoy fuera melodías para sus oídos. Hoy todos lo quieren tener en el portafolio de sus casas de grabación, hoy todos quieren tenerlo animando parrandas y eventos y en programas de radio, televisión o prensa.
Hoy hasta se quedó sin enemigos porque se reconcilió con locutores y con todos con los que se dio trompadas y donde ninguno ganó. Hoy todo es vergel para su jardín. Su agenda está llena y tiene que hacer un campito para estar con los suyos porque así como va de aquí para allá y de allá para acá, cuando vuelva a su casa ya su hijo menor no lo saludará para pedirle la bendición e irse a acostar sino a pedirle permiso para irse a parrandear
Ojalá que siempre tenga en un lugar muy especial a sus más allegados y no se deje absorber por la fama y demás banalidades que trae el éxito como la chequera llena y la popularidad.
Silvestre dice que encontró su madurez musical con el actual álbum del que se escuchan y le corean sus seguidores hasta los saludos. Debe desmarcarse de su inclinación de en los escenarios imitar constantemente a Diomedes Díaz, (ya hasta forma escándalos como Diomedes y eso no está bien) Lo que falta es que se vuelva adicto a algún vicio, incumplido y repudiado por algunos, se quede sin amigos o tenga amigos parásitos que todo se lo aplaudan y se haga meter a la cárcel para que la emulación sea completa. Y lo conseguirá si sigue así.
Lo que Silvestre y otros cantantes hicieron fue aprovechar el vacío que dejó Diomedes Díaz cuando estuvo encarcelado. Poncho Zuleta no lo pudo decir mejor: “Aprovechen muchachos ahora que el tigre está enjaulado”. Algunos escucharon las palabras del cantante del clan Zuleta, entre ellos Dangond.
Sus amigos dicen que ya Silvestre no necesita copiar a Diomedes porque lo diferencian del resto por su carisma, su propio estilo, su energía y sus triunfos a toda prueba.
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